sábado, 10 de julio de 2010

Luchnos

Cayeron las hojas marchitas sobre la densa neblina del invierno que se acerca
y sumido en las gotas de rocío que corren por mis mejillas
busco tu Luz admirable.

Allá al final está la luz...

Corro cual gacela en funesta cacería,
atravesando la sabana en que acampó mi corazón.
Errante, vacío de esperanza y convicción.
¿Adónde volaron mis sueños?
¿Y qué suspiro absorbió mis ideales?

En tu regazo dormí las noches negras de pesadilla hirviente
cobijando el temor que me embargaba;
De tu aliento respiré la vida eterna,
palpitando una vez más mi corazón.

Vagué. Sí, vagué en pos de mi anhelante espera
deseando fundirme en tu corazón,
embeber mis labios de tu Espíritu
y embriagarme con el manantial de tu río de agua viva.

Allá, al fin puedo ver la Luz...

Tu Luz que disipa las nieblas del futuro,
tu Luz que opaca el resplandor del imponente sol,
esa Luz a la que camino día y noche,
en tu Luz quiero ahogarme Señor.

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