jueves, 15 de julio de 2010

Espionaje de notas celestiales para el piano del recuerdo

Te espié desde el balcón de mi memoria
escondido en el rincón de la melancolía
donde un mensajero me recordaba los días de dicha que solía vivir en tu Altar.

Las aves trinaban un canto marchito de bemoles ausentes
y silencios olvidados.
Levanté mi mirada buscando una nota
que quizás llene los vacíos silenciosos que opacaban la canción
y mientras el piano del recuerdo recitaba el dolor de aquel tormento
no cesaba de buscar una salida a mi dolor.

Recuerdos de dicha en tu Altar
Recuerdos que quise alcanzar
Mas obstinado anduve en la senda del olvido
bebiendo el ajenjo de la lujuria y el dolor.

Te espié. Mas el denso canto embebía mi memoria
tarareando el gemir de mis pesares, del olvido y el dolor.

El vidrio se ha opacado con mi aliento matutino
dibujando sombras que expresan mi condición...
el olor de la lujuria ha escondido la culpa
que pugna por salir de su rincón.
Desde el balcón de mi memoria veo Tu mirada que me espía
y el fulgor de Tus ojos que mi vida consumió.

¿Eras tú Quien me espiaba o fui yo quien te espió?

En Tu mirada no hallé al verdugo que me asediaba.
En Tu mirada vi la sinfonía con que esperabas mi retorno.
En Tu mirada abrigué la pena en que estaba sumida mi alma
y en Tus brazos al fin sentí la libertad.

Te espíe desde el balcón de mi memoria
mas ahora en Tu Presencia vivo yo, Señor.

sábado, 10 de julio de 2010

Luchnos

Cayeron las hojas marchitas sobre la densa neblina del invierno que se acerca
y sumido en las gotas de rocío que corren por mis mejillas
busco tu Luz admirable.

Allá al final está la luz...

Corro cual gacela en funesta cacería,
atravesando la sabana en que acampó mi corazón.
Errante, vacío de esperanza y convicción.
¿Adónde volaron mis sueños?
¿Y qué suspiro absorbió mis ideales?

En tu regazo dormí las noches negras de pesadilla hirviente
cobijando el temor que me embargaba;
De tu aliento respiré la vida eterna,
palpitando una vez más mi corazón.

Vagué. Sí, vagué en pos de mi anhelante espera
deseando fundirme en tu corazón,
embeber mis labios de tu Espíritu
y embriagarme con el manantial de tu río de agua viva.

Allá, al fin puedo ver la Luz...

Tu Luz que disipa las nieblas del futuro,
tu Luz que opaca el resplandor del imponente sol,
esa Luz a la que camino día y noche,
en tu Luz quiero ahogarme Señor.